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miércoles, 7 de marzo de 2012

Fallar no es una Derrota

Foto: ando3119.bolgspot.com

Escrito por Rafael Ayala

Equivocarse y tener descalabros es parte del proceso natural de aprendizaje del ser humano. Pensemos en un niño que lleva 15 días practicando mantener el equilibrio sobre su bicicleta. A cualquiera nos parece normal que mientras el chico está aprendiendo sufra varias caídas; incluso cualquier persona, aunque tenga muchos años de montar bicicleta, corre el riesgo de desplomarse. Ni modo, es parte del proceso de aprendizaje y de la vida misma. Todos experimentamos y experimentaremos caídas eventuales, ya sea de nuestro empleo, del negocio, de nuestras relaciones, salud, etc. Y esto no es un fracaso, a menos que decidamos no subirnos nuevamente a la bicicleta.

El verdadero fracaso no consiste en equivocarse o fallar; sino en pensar que porque hemos caído de la bicicleta somos incapaces y desistimos. Necesitamos comprender que los procesos de aprendizaje son así, con base en prueba y error, desarrollando habilidades y conocimientos a través de la práctica. El problema tal vez radique en que nuestros sistemas educativos escolares nos han hecho creer que el aprendizaje depende de memorizar información y obtener una calificación aprobatoria en el examen; pero la vida real no opera así. Si alguien que nunca ha conducido una bicicleta estudia el manual sobre “cómo pasear en bicicleta” y por obtener la máxima calificación en un examen escrito piensa que ya aprendió, se dará cuenta al trepar al vehículo que estaba totalmente equivocada. La única forma de aprender a manejar una bicicleta es subiéndose a la misma, practicando y, evidentemente, raspándose las rodillas. Con el resto de las actividades de la vida es igual, las caídas son parte del proceso de aprendizaje, no un fracaso.

Me duele tanto ver personas que han confundido su tropiezo con incapacidad; han creído que porque se cayeron de su bicicleta ya no tienen nuevas oportunidades o nunca lograrán sostenerse en equilibrio y avanzar montados en su biciclo. He conocido personas que piensan que debido a que su matrimonio concluyó en divorcio ya no podrán rehacer su vida sentimental; o que por haber experimentado la banca rota con su negocio ya no podrán generar riqueza; o que porque no concluyeron sus estudios no podrán prosperar, o que si uno de sus hijos atraviesa una calamidad ya no podrá salir de ella. Estas formas de pensar son más problema que la situación que enfrentamos, limitan nuestra capacidad de respuesta, asesinan nuestra fe y esperanza y nos llevan a vivir un doloroso engaño. Lo grave no es caerse, lo terrible es quedarse en el piso.

Tal vez usted estimado lector recién vivió una gran caída de su bicicleta profesional, familiar o personal. Si ha sido así, tiene derecho a frotar sus rodillas y codos, llorar de dolor y vergüenza, colocar la rueda delantera entre sus piernas y asir el manubrio con ambas manos para enderezarlo. Pero después de ello hay que volver a montarse y pedalear nuevamente.

No se rinda ante una caída, por el contrario, aprenda de ella. Identifique qué factores dentro de su control fueron los que colaboran para sufrir ese descalabro y evítelos la siguiente ocasión; pregunte y pregúntese que fue lo que hizo mal, qué debió hacer distinto. Actuar así nos ayuda a convertir esos sucesos en experiencias, en aprendizaje. No todos los hombres son iguales, ni todos los negocios deben cerrarse ante una crisis, ni las malas notas escolares representan ineptitud. Salgamos del suelo, observemos la bicicleta en el piso con una sonrisa, reflexionemos sobre la equivocación y continuemos el camino sobre las dos ruedas. Le garantizo que si respondemos así, no sólo nos volveremos unos expertos en el manejo de la bicicleta, también creceremos y buscaremos nuevos retos: bicicleta de montaña, acrobacias, monociclos o nuevas situaciones que nos presenten desafíos en los que seguramente también tendremos tropiezos, pero que, una vez más, nos darán la maravillosa oportunidad de aprender para crecer.

Fuente: negociosyemprendimiento.com