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jueves, 17 de noviembre de 2011

Tinku: Sangre, alcohol y tradición

El popular evento se lleva a cabo anualmente en Potosí, Bolivia y representa una de las festividades más violentas y peligrosas del mundo. Miles de comunidades se enfrentan para ofrendar la sangre de su rival a la Pachamama.
El colorido, la danza y las vestimentas tradicionales son algunos de los pilares fundamentales sobre los que se sostiene el festejo

Por Marcos Larre


Encuentro, unión; traducido al lenguaje de quechua y ataque físico, en la lengua de los aymara, son dos de los significados que resumen la palabra Tinku y las costumbres que se predican en el evento.

El festival, llevado a cabo anualmente (primeras semanas del mes de mayo) en la localidad de Mancha, departamento de Potosí (Bolivia), es una convergencia entre las diversas comunidades bolivianas, entre “los de arriba” y “los de abajo”, como ellos se clasifican según su ubicación geográfica.

Las danzas, la música y la procesión hacia el encuentro marcan el comienzo de la jornada. La vestimenta clásica manifiesta el colorido y las raíces fuertemente arraigadas en cada una de estas poblaciones.

Los hombres utilizan pantalones y chaquetas de bayeta de la tierra, una camisa de tocuyo, una faja de aguayo (donde se encuentra amarrada la chuspa de coca), un lluchu sobre la cabeza en la que se colocan una montera hecha de cuero -similar a la utilizada por los conquistadores españoles- y manoplas mientras que las mujeres exhiben un hajsu -vestido hecho en bayeta de la tierra-, una faja, y se envuelven la cabeza en un rebozo de tela. Además, llevan un sombrero de cuero de oveja adornado con plumas y cintas de colores.

A medida que la fiesta transcurre y la chicha, bebida alcohólica surgida de la fermLos disfraces, la algarabía y el colorido también tiñen las tierras de Bolvia durante el festivalentación destilada del maíz y otros cereales originarios de América, invade a los concurrentes, el clima empieza a tensarse y los conflictos no tardan en sucederse.

La sangre comienza a teñir las tierras mientras que el sonido de los gritos de guerra en aymara y quechua penetran las festividades. Todos los presentes no son partícipes de las riñas ya que la mayoría de los peleadores son hombres de tamaños similares aunque, en los últimos años, las mujeres también buscaron imponer su destreza y resistencia en las luchas.

En la actualidad, los enfrentamientos que, con frecuencia, son entre miembros de comunidades diferentes, pueden ser una forma de confirmar o defender la propiedad de la tierra o traer buena suerte a la cosecha. También es una oportunidad para muchos jóvenes de seducir a las mujeres que se encuentran en la festividad (es común encontrar matrimonios en donde la personas se conocieron durante el evento).

En cuánto a los orígenes de la tradición, trasmitida de generación en generación, no se puede determinar una fecha concreta pero cabe la posibilidad de que sus comienzos se remonten al año 1100. También, los historiadores vaticinan dos razones principales que han dado origen al festival: como ritual a la Pachamama y la defensa de la tierra propia por parte de los pueblos.
En la primera hipótesis, el peleador vencido deberá derramar su sangre como ofrenda a la Madre Tierra para una cosecha más fértil y generosa durante el año. En la historia de la cultura indígena, la danza del Tinku representa un ritual en donde el campesino pretende motivar al suelo a producir sus alimentos. Esta antigua costumbre conforma un encuentro entre dos ayllus o colectividades, cuyos representantes son elegidos por sus condiciones y se enfrentan sin armas para que la sangre derramada en combate (y si es posible la misma muerte) presagie un buen año agrícola y la fecundidad del suelo. Así, la comunidad perdedora era considerada la “hembra” y debería recobrar su dignidad en el próximo desafío mientras que los ganadores son los denominados “machos”.

La otra posibilidad que se sostiene es la defensa de la tierra propia. Allí, las La mirada firme de un concurrente que se prepara para los enfrentamientospeleas se hacían de igual manera que en el festival: hombre contra hombre, puño contra puño en pos de la protección del patrimonio.

En la actualidad, la mayoría de los enfrentamientos se producen entre dos personas aunque, en algunas oportunidades, varios representantes de diversas comunidades combaten entre sí en medio de una lluvia de piedras que caen desde el cielo sin destino fijo. Este tipo de peleas son las más sangrientas y crueles.

A pesar de la violencia y la intención de las autoridades de reglamentar las contiendas, regidas solo por el valor, la resistencia y los límites impuestos por algunos espectadores cuando la disputa se torna muy despareja, el festival se mantiene vigente con los mismos preceptos que en sus orígenes.

Si bien los métodos de combate, correspondientes a una riña callejera, son considerado como medios de liberación de la frustración y el enojo de las comunidades, Tinku no es solamente violencia. La tradición de la vestimenta y la característica danza también forman parte del contexto.

El baile es un muy sencillo en su estructura. No tiene una coreografía definida y no requiere preparación previa ya que tanto hombres como mujeres se desplazan al compás de los tambores y los instrumentos originarios. Los participantes se agachan, se levantan, ponen sus brazos en alto y realizan ademanes de lucha para, luego, comenzar con su descarga y con los enfrentamientos.

La muerte no es ajena a esta festividad. En una gran cantidad de ocasiones, participantes han perdido la vida durante el evento. Además, han ocurrido actos de canibalismo ya que los concurrentes piensan que el ritual esta legitimado por la eucaristía Católica, la cual les permite creer que comen carne de un humano divino.

Cabe aclarar que, más allá de lo meramente cultural y de las creencias religiosas que se sostienen en torno a la jornada, muchos concurrentes se hacen presentes por la diversión, la adrenalina, el alcohol y el espectáculo en sí.

Los turistas, que deben tener cuidado ya que una mirada, un gesto o la más mínima mueca puede derivar en un enfrentamiento contra ellos; observan con asombro el fenómeno y no comprenden el trasfondo social que presenta el evento. Así, el alcohol bebido, la danza y los enfrentamientos conforman el ritual que bendice la cosecha e invita a la prosperidad. Nadie sabe si esto realmente sucede o si, simplemente, corresponde a una creencia popular pero las comunidades bolivianas mantienen su tradición y, cada año, derraman su sangre tiñendo la tierra que aman para ofrendarle a la Pachamama un tributo que, muchas veces, es pagado hasta con la propia vida.