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martes, 10 de abril de 2012

El primer encantador de perros de la Patagonia

Pedro Curuchet vive en un refugio de Tierra del Fuego; tiene más de 70 perros; cómo aprendió el arte de ser "musher"



 
Una postal: Curuchet junto a sus perros. Foto: Martín Jauregui

Con la nieve aún pegada en su barba y el rostro curtido de vientos polares, el hombre descendió del trineo al auxilio de uno de sus perros que se quejaba con un aullido profundo. Un montículo de nieve ocultó un pozo que le jugó una mala pasada al animal. El hombre se acercó, lo acarició mientras trataba de calmarlo. La pata del perro se torció y el dolor no lo dejaba avanzar. "Es una torcedura" -pensó-, "con un poco de calor y reposo se le pasa, pero hay que llegar al refugio". Sin dudarlo, soltó al animal del trineo y lo alzó en sus brazos. En un solo movimiento lo cargó en la parte delantera del trineo junto a los bolsos y su equipaje. El perro se acomodó como un ovillo entre quejidos y pequeños ladridos. El hombre volvió a acariciarlo, lo cubrió con una lona y volvió a su puesto de mando en el trineo. Miró al cielo, celeste y frío. Orientó el trineo sobre la huella de nieve. Tomo aire y dio la voz de mando: "¡Ambaii!" [gritó]. La travesía comenzaba otra vez.
La escena puede ser un fragmento de "Colmillo Blanco" de Jack London en la Alaska del siglo XIX pero no. El hombre y su trineo viven en las tierras más australes donde habita el hombre. Tierra del Fuego. Ushuaia. Valle Carvajal. El Valle de lobos, como lo conocen. El hombre es el Gato Curuchet. Un autentico musher. Un experto en el arte del sled-dog , conducir trineos tirados por perros en la nieve. Aprendió este arte-destreza hace muchos años en Alaska, cuando decidió que su vida iba a estar ligada a estos animales para siempre. Supo que su destino eran las nieves y los perros desde muy chico. Cuentan las leyendas familiares que Pedro Curuchet, su verdadero nombre, dibujó a los ocho años un paisaje no muy diferente al que hoy es su refugio. Una cabaña, un arroyo cristalino, perros y nieve, mucha nieve.
"Mi mamá dice que ya de chico me gustaban los animales, en especial los perros, pero la verdad es que no me imaginaba la vida que me tocó. Esta vida que me hace feliz", cuenta a LA NACION el Gato mientras camina entre los caniles (las pequeñas cuchas donde viven sus perros) llevando alimento balanceado de primera calidad.

Vive 19 kilómetros de Ushuaia y a 3020 de Buenos Aires. Tiene más de 70 perros y conoce el nombre de cada uno de ellos
"Cuando tenía veinte años me vine de viaje a la Patagonia, a dedo...y de a poco fui llegando. Mi sueño era tomar un barco que me lleve a Alaska, pero lo perdí...y en vez de volverme al norte a seguir probando suerte, decidí quedarme acá...donde en aquel entonces todo estaba por hacer...y así me quedé en Ushuaia...gracias a ese barco que nunca pude tomar...".
Curuchet nació en Tandil y siempre fue un espíritu inquieto. Ya en sus primeros días en la isla organizaba travesías náuticas, buceo en aguas heladas e incluso armó expediciones para explorar los cerros de la región. Pero el verdadero cambio en su vida se produjo por un regalo que le hizo su mujer: "Karut" su primer perro Husky.
"Ese perro fue el que me inició en todo esto...puro amor hecho perro y allí comprendí que mi verdadera vocación estaba con ellos".

Trineo a pura voz

Ser musher no es sencillo. El "mushing" ha sido y es una forma de transporte nórdica que tiene como característica usar perros de tiro y esquíes o trineos para deslizarse con mayor velocidad por superficies nevadas. El término proviene del francés y es la orden de voz para iniciar la marcha: "marchés" . Su significado esta asociado a la acción de "adelante" o "marchar". Hoy en día las palabras que se utilizan llegan del ingles como "¡Hike!" o la voz lapona "Ambaii" que significa "vamos!".



 
Un encantador de perros en la Patagonia. Foto: Martín Jauregui
El arte de conducir trineos con perros es tan viejo como la humanidad misma. Algunas pinturas nórdicas de vieja data muestran hombres conduciendo trineo con perros, renos y otros animales de tiro. En muchas leyendas de la región la imagen del trineo es parte esencial del relato. Incluso el mítico Papá Noel, en su versión del Norte, viaja por los aires conduciendo un trineo "casi celestial" tirado por unos renos liderados por el famoso Rudolph, aquel "reno-guía" de la nariz roja. El mushing se define en general como una forma de medio de transporte sobre la nieve sin importar que animal tira del trineo o patín de tierra en algunos casos. Como deporte es practicado en casi todas las latitudes donde hay nevadas importantes pero su desarrollo principal se dio en el Norte de Europa y en Norteamérica. El origen de esta práctica se reconoce en el pueblo lapón que utilizó esta forma de transporte desde tiempos remotos. Alaska es la capital mundial de este deporte (es, incluso, el "deporte estatal") y allí se realiza la carrera mas larga de esta disciplina: Iditarod.
Los perros y el trineo fuera de la competencia fueron y siguen siendo utilizados en tareas domésticas como cargar madera o repartir leche en los pueblos mas alejados de las zonas árticas. Si bien en los últimos años muchos trineos de perros fueron reemplazados por "snowcats" o motos de nieve, en algunos casos las temperaturas extremas y los sitios de difícil acceso solo permiten el ingreso de trineos. Esta realidad convenció a muchos habitantes de zonas mas alejadas a seguir utilizando el sled-dog como medio de transporte mas seguro ante cualquier condición del tiempo.

El sueño del trineo propio

El Gato soñaba con tener su propio trineo. En Argentina no existen fábricas de ese tipo ni nadie se ha dedicado a ese rubro. Es lógico, el corto tiempo de duración de la nieve en el invierno, las pocas ciudades con nevadas muy prolongadas y el nulo uso de trineos en el país no permitió desarrollar una industria dedicada a ese mercado. Por eso tuvo que aprender a fabricar su propio carro, patines y todo lo necesario para armarse un verdadero sled-dog . Al mismo tiempo tuvo que aprender a criar y enseñar a los primeros ejemplares el arte del mushing.
"Al comienzo no entendía nada - dice - era todo cuesta arriba. Sabia cosas de campo, yo venía de Tandil, me daba maña...hasta podía domar caballos, pero esto era muy difícil, por mas que me ponía no era capaz de dirigir una sola tira de perros...era un desastre!. Fue ahí que me dije ¨Tengo que ira a Alaska¨" y así lo hice. Fueron unas vacaciones raras, tuve que convencer a mi mujer y finalmente fuimos y ahí aprendí todo".
Aprendió a fabricar trineos, a diseñar arneses para los perros, a manejar una tira y finalmente, convertirse en un musher. Cuando volvió a Tierra del Fuego empezó a desarrollar su actividad cada vez con mas éxito. Incluso aquel viaje fue el encuentro entre él y "Eco", el lobo polar que lo acompañó durante mucho tiempo.
"Eco, un lobo polar, ¿te imaginas que hermoso animal? Hoy es el espíritu de los Valles, es el líder de la manada mas grande que te puedas imaginar. Suena su aullido, el aullido de Eco y así nace la leyenda".
Y comenzó, sin que el se diera cuenta, una leyenda que todo el valle Carvajal comenta. La leyenda del Gato que ama los perros. El Gato del trineo.

Juntos pero no amontonados

Como si se tratara de un equipo de futbol, cada perro tiene una posición y una función especifica en el tiro del trineo. Los perros llevan su nombre de acuerdo al lugar que ocupan y esa información es de vital importancia para el musher. La habilidad del conductor radica en permitir que el animal cumpla su rol de la mejor manera posible. Por eso la conexión entre los animales y el conductor es casi mística.

La verdad es que no me imaginaba la vida que me tocó. Esta vida que me hace feliz
Cada grupo de tiro tiene un perro guía o el lead dog, que es aquel que va en la delantera y lleva al grupo por el camino que él sigue. El trineo puede tener uno o dos perros líderes. A veces, en situaciones difíciles, el musher suelta al líder para que este busque la huella y puedan seguir andando. Es el único perro que goza de ese privilegio. Detrás de los lideres se ubican los swing dogs o points dogs, son los que marcan el ritmo de la marcha, las curvas y las cuestas o bajadas. Luego se ubican los team dogs que son los que le dan la fuerza a toda lo formación, generalmente en ese lugar forman los perros mas fuertes y por ultimo, pegados al trineo y al musher están los wheel dogs, aquellos perros mas calmos y de mejor temperamento que ayudan a conducir al trineo con mas precisión en aquellas curvas difíciles o situaciones de riesgo. Son los guardianes del trineo.
Todo el conjunto funciona de manera sincronizada y como una sola pieza. Las órdenes que da el musher son fuertes y el equipo de perros responde a instante y con una serie de ladridos que acompañan el arranque. Hombre y animal juntos en un solo y armónico movimiento. Una actividad que aún conserva el misterio de esa primitiva unión que nació hace miles de años.

El desafio de Alaska

Para Curuchet, el verdadero desafío era correr Iditarod. Y lo logró. Con el respaldo de la provincia de Tierra del Fuego, el Gato pudo participar de la carrera más importante del deporte de trineos con perros. Fue el primer sudamericano en correrla. Recorrió durante 14 días en Alaska, 1800 kilómetros junto a los mejores equipos y mushers del mundo. Fue reconocido por su aspecto solidario (socorrió a otro competidor en plena competencia) y cuando su trineo se gastaba o alguna parte parecía colapsar, el Gato con alambre y paciencia lo arreglaba, volviendo a la pista de inmediato.
"Es que la habilidad que desarrollé al tener que hacerme mis propias cosas me dio mucha experiencia, me arreglo las cosas y listo. Te imaginas si tengo que esperar que me manden el repuesto no podría hacer nada, por eso yo hago todo, incluso mi cabaña acá en el valle...o los caniles...todo lo hago yo". Esa participación del Gato en Iditarod logró que se la reconozca a Ushuaia como uno de los lugares del mundo donde se practica el trineo con perros. Fue entonces cuando el nombre del Gato se convirtió en sinónimo de trineos en lo mas austral del mundo.



 
El refugio donde vive Curuchet en Tierra del Fuego. Foto: Martín Jauregui
Por estos días, Curuchet dedica gran parte de su tiempo a cuidar y mantener su "cabaña-refugio Del Viento" o "Akeaata" en el Valle Carvajal, a 19 kilómetros de Ushuaia y a 3020 kms. de Buenos Aires. Tiene más de 70 perros y conoce el nombre de cada uno de ellos. Muchos lo visitan para sentir la misma emoción que llevo a este hombre a dedicar toda su vida a los perros. "¿Quieren sentir el viento frío en la cara, la nieve en los pies y los perros tirando del trineo?, ¿quieren ser musher por unas horas? y esta bien, cuanto mas contacto tengamos con los animales mejores personas nos volvemos", dice sonriendo mientras arma un trineo para salir a la nieve del valle. El Gato es feliz llevando a muchos que se acercan hasta su refugio buscando ese contacto especial que existe entre el perro y el hombre. Incluso, muchas personas han llegado desde distintos lugares del país con las cenizas de su perro para esparcirlas en un lugar donde creen que tendrán mejor eternidad. Soltarlos en el valle y que se unan a la manada de los perros del cielo. Una mística que acompaña al Gato Curuchet desde sus primeros días.
La tarde se va derramando sobre el filo de los cerros que rodean al Valle Carvajal. En lo profundo de un cañadon se escucha un aullido agudo y sentido. Resuena como eco en las paredes rocosas y se clava en las nieves que rodean el paisaje. El Gato Curuchet detiene la marcha del trineo y escucha con atención. El aullido vuelve a sonar más fuerte. El Gato sonríe y piensa "Karut: sigo tu huella, se que estas ahí, custodiando nuestra tierra. Hasta siempre Karut, ya nos encontraremos". En el aire suena su orden "Ambaii" y el grupo de perros comienza la marcha otra vez. El Gato vuelve a su refugio sabiendo que el espíritu de los valles lo acompañará hasta sus últimos días. Y eso lo hace feliz. Para siempre.

Autor: Martín Jáuregui
Fuente: lanacion.com.ar

Muchas gracias a mi hermano del alma por el envío.